La ciencia define al sedentarismo en estos términos: “Es la falta de actividad física regular definida por debajo de 30 minutos diarios de ejercicio regular y menos de 3 días a la semana.” Además “las personas que no hacen ejercicio físico conforman una población de alto riesgo cuyos índices de mortalidad son significativamente más altos en relación a los individuos que se entrenan adecuadamente.
Tomar al sedentarismo como estilo de vida hace a las personas más propensas a enfermarse y adquirir tempranamente signos de envejecimiento. También conduce al sobrepeso, potenciando las posibilidades de mortalidad en el hombre. Si bien todo ello es un obstáculo en la salud de las personas jóvenes y en edad reproductiva, más complicado es el cuadro desde que se ha alcanzado una expectativa de vida promedio de 85 años, por eso los mayores debemos ser más responsables.
Estamos participando silenciosa e inconscientemente en la formación de una generación, (nuestros hijos) que se enfermará irremediablemente con consecuencias que ya se vislumbran sin esperar que esta descendencia ingrese a la adultez o vejez. Es así de grave.
Los hijos repiten nuestras virtudes y errores. No tenemos autoridad moral e intelectual si fumamos, nos excedemos bebiendo bebidas alcohólicas, opulencias en las comidas y propiciando la obesidad, suponiendo que “es normal” que los adultos siempre seamos gordos.
Es nuestra culpa si nuestros hijos son sedentarios, si jamás nos vieron trabajar en el jardín, la huerta, pintando paredes, ayudando en la higiene hogareña, practicando a modo de juego y distracción un deporte cualquiera.
Sí, la realidad, mayoritariamente, es que nuestros hijos nos ven siempre sentados en nuestros coches y sillones mientras argumentamos que “el viento, el frío, etc., etc., no permiten hacer nada”, de esta manera los educamos en el convencimiento que el clima es un determinante irreprochable para cualquier actividad fuera de un radio mayor a dos metros de un calefactor y dentro de casa.
En Canadá, país septentrional con climas extremos, sus inviernos se prolongan de seis a ocho meses con temperaturas por debajo de los 15º bajo cero. Sucede que en todos los colegios, en los periodos de recreo, los chicos deben salir a la intemperie, obviamente abrigados, a jugar. Es simplemente para “ambientarlos” adecuadamente al clima y les recuerdan “este es el clima de nuestro país, no hay otro. O nos adaptamos o nos vamos a vivir a otro país, al Caribe”.
De este modo, desde pequeñas, las personas se adaptan a las condiciones limitantes, tomando provecho del frío. Son los mejores patinadores de hielo en el mundo, (siete de cada diez canadienses lo practican), excelentes esquiadores y además desarrollan actividades deportivas adaptadas a su medio ambiente: navegación por ríos y lagos en kayac, senderismo, escalada, además de básquet, fútbol, tenis y voley a la intemperie.
La Organización Mundial de la Salud advierte que debido a los desacertados estilos de vida, la sociedad indefectiblemente padecerá verdaderas endemias, enfermedades irreversibles y sus serias consecuencias como la obesidad infantil, diabetes, insuficiencias cardíacas, desórdenes alimenticios, depresiones, ausencia de autoestima, estrés, escoliosis y numerosas patologías resultantes de las costumbres de vida sedentaria, propio de las sociedades ultra consumistas, inmediatas, irreales.
Pero estamos a tiempo de revertir estas malas prácticas de vida. Existe un serio estudio en el que se determina que una persona sedentaria, (no importa su edad) y que comienza con un programa gradual supervisado por profesores de Educación Física, con prácticas aeróbicas, (caminar, andar en bicicleta, correr, etc.) en un lapso de cuatro semanas desde su inicio, obtiene resultados en la salud general notables y evidentes. Mejora el estado de salud, controla su peso, tiene mucho mejor ánimo, nivela su presión sanguínea y un número importante de beneficios psicofísicos.
Este estudio médico especifica que si una persona durante su niñez y adolescencia practicó regularmente deportes y en su adultez abandonó los ejercicios, su estado actual de salud no es óptimo. En el otro caso, un adulto que no ha desarrollado disciplinas deportivas pero a una determinada edad, (45-55 años) comienza a cuidar su organismo practicando algún deporte en forma regular (mínimo, tres veces a la semana), su estado general será superior a quien tuvo una disciplina pero la abandonó.
http://laopinionaustral.net/index.php?url_channel_id=4&url_publish_channel_id=30573&well_id=2
Tomado del Boletín Argef del 21/07/07.